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12/10/2016 | .
Que el bosque no impida reconocer el árbol
El Día de la Raza era fácil de entender. Había una raza que había descubierto a otra y eso ya era motivo suficiente para generar una celebración. Lo que no resultaba fácil era aceptarlo.
Sabemos que América no fue descubierta en 1492. Reconocemos la preexistencia de las culturas originarias[1]. Aceptamos los abusos que se cometieron en el proceso de conquista y colonización. Sin embargo, seguimos transmitiendo la idea de la superioridad de la cultura europea. No fueron los mejores modos, fue equivocada la forma, excesivos los castigos, pero (en el imaginario colectivo) reproducimos aquello de los beneficios que se obtuvieron al imponer una cultura superior sobre una inferior. Por ello, en esta fecha, seguimos pintándoles la cara a los chicos en las escuelas y colocándoles una vincha con plumas. Como si los grupos aborígenes no hubieran modificado sus costumbres, como si su cultura fuera asunto del pasado, como si no existieran hoy ni reclamaran (hoy) sus derechos.
El calendario azteca era más exacto que aquel que utilizaban los españoles para medir sus días en el siglo XV. Los mayas resolvían operaciones matemáticas que los europeos ni siquiera se habían preguntado y la medicina inca realizaba intervenciones que sólo el siglo XX pondría en nuestros quirófanos civilizados. Y nos perdimos de saber más, pues fueron quemadas las fuentes por ser consideradas asuntos del diablo. Entonces, ¿podemos hablar de cultura superior o inferior?
Debatir sobre el pasado no cambia los hechos ya ocurridos, pero sí nuestra interpretación sobre ellos. Y eso nos permite resignificarnos, revernos y revalorarnos (nuestra historia no tiene 200 años, por ejemplo, sino mucho más)[2]. También nos permite revaluar el presente, distinguir nuevos (y más sutiles) procesos de conquista y colonización, que también imponen una cultura sobre otra, justificándola mediáticamente como mejor (superior).
En 1917, cuando Hipólito Yrigoyen estableció el 12 de octubre como “Fiesta Nacional”[3], quería recomponer relaciones con España. La misma España que había sido desvalorizada por la generación del ‘80, por considerarla culturalmente inferior a Inglaterra o a Francia. Nacía, entonces, la idea de la buena herencia. La herencia española que (pese a todo) debía ser reivindicada, pues eso nos salvaba de la incivilización, acercándonos al mundo.
El Día de la Raza, término con el que se recordaba la fecha en España, se fue imponiendo en el imaginario colectivo como (en el mejor de los casos) un mal necesario. Pero a medida que se abría el debate sobre los abusos sufridos por las culturas originarias y el concepto de “raza” comenzaba a ser ofensivo, los cuestionamientos hacia el 12 de octubre crecían. La celebración de los quinientos años de la llegada de los europeos a América fue un punto de inflexión en este proceso.
Los nombres que damos a las efemérides marcan una postura ideológica. En España se celebra, cada 12 de octubre, el “Día de la Hispanidad”, y nosotros (desde el 2010), el “Día del Respeto a la Diversidad Cultural”. Hemos evolucionado desde la raza a la diversidad. Suena fácil, pero fueron muchos años de debates y cuestionamientos. Ahora bien, ¿de qué diversidad hablamos?
De la resultante.
De los pueblos aborígenes, los europeos colonizadores, los criollos, los negros y las diferentes oleadas inmigratorias que poblaron el territorio americano. De sus encuentros y desencuentros. Del concepto abstracto de convivencia y pluralidad.
Lo cual es bueno, pero sabemos que el mejor lugar en donde puede pasar desapercibido un árbol, es en el bosque. Poner en valor las diversas culturas que hoy dan forma a la América es un logro, pero no debe hacernos perder el hilo del debate: la imposición de una cultura única, la reivindicación de los grupos originarios hoy, con sus raíces históricas y su presente de lucha por los derechos que aún no ha obtenido.
Por eso el 12 de octubre es un buen día para seguir debatiendo. Para volver a interpretar el pasado y sacar conclusiones en el presente. Para que el bosque no nos impida reconocer el árbol.
_______________________________________
[1]Artículo 75, inciso 17, de la Constitución Nacional, reformada en 1994.
[2]Solemos escuchar la expresión que otorga a los europeos siglos de historia y nosotros apenas tenemos 200 años. Como quien se justifica de juventud e inexperiencia. Pues sólo entiende la historia desde los procesos de independencia, desde que tratamos de organizarnos como Estados (con pautas que ellos definieron), no toma en cuenta los momentos previos, sobre todo, las formas previas de organización social.
[3]http://www.historiaydoctrinadelaucr.com/…/hipolito-yrigoyen…
 
Fecha: 12/10/2016  
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